31 de octubre de 2012

La moto granota.

Decía Santiago Bernabeu que en fútbol no hay jugadores jóvenes o viejos, que los hay buenos y los hay malos. Esta frase, de apariencia simple y evidente, resulta que ha roto con muchos de los prototipos que hoy en día usamos, de alguna manera, como excusa para defender a un futbolista. Habremos escuchado mil veces al aficionado de a pie decir eso de "Ya no está para jugar, es demasiado viejo", o al contrario, "Todavía es muy joven, hay que tener paciencia", sin embargo, se podrían poner mil ejemplos que rompen definitivamente con estas frases, Santiago tenía mucha razón. La edad nunca debe ser un impedimento para triunfar, en su justa medida claro está, pero mientras el físico aguante y las cualidades sigan intactas, que más da tener 30, 35 o 40 años para seguir jugando bien al fútbol. Ahí tenemos a genios como Valerón, la magia hecha persona, o a Pirlo, todo clase y elegancia. Si se es bueno, se es bueno, todo lo contrario seguirán siendo excusas. Pero hoy no vamos a hablar de genios ni de futbolistas superdotados técnicamente como Juan Carlos o Andrea, vamos a hablar de currantes, puros y duros, algunos sobretodo muy duros... Y es que hace ya varias temporadas que un equipo no muy grande históricamente (a nivel de éxitos), con una masa de aficionados quizás no demasiado extensa, sin un presupuesto sobresaliente, más bien medio tirando a pobre..., y con una de las medias de edad más altas de Europa (29,7 años), nos tiene absolutamente ganados a la hora de hablar de ellos. Hablamos de un equipo humilde, dirigidos por un técnico más humilde aún y apoyados por una afición que hace ya tiempo que vive asentada en las nubes. Hablamos de trabajo, de esfuerzo, de un par de cojones. Hablamos del Levante. El Levante de los muertos vivientes, de los resucitados, de los viejos rockeros... Hablamos de la historia de una máquina perfecta, y como tal, hay que contarla como se merece.


Pero para dar comienzo a esta historia primero hay que volver la vista tres temporadas atrás. Entonces, el Levante era un equipo de segunda, comido por las deudas y al borde de la quiebra absoluta. Algunas mentes oscuras incluso hablaban de la desaparición del club, pero lo que no sabían es que lo que se intuía como un pozo sin salida, iba a ser el túnel que abriese paso a una de las épocas más gloriosas de la entidad granota. Era el año de su centenario, 100 años de humildad futbolística, de ascensos y descensos, de problemas administrativos y de estancias efímeras en primera división, sin embargo, fue soplar las velas de la centenaria tarta y cambiar el curso del club de manera radical. Ahí empezó todo, la historia del Euro Levante que hoy conocemos tuvo en ese momento su punto de partida.

Como si de un deseo de año nuevo se tratase, el Levante, que había terminado el 2009 con más sombras que luces, empezó el 2010 de manera excepcional. Había cumplido cien años, y se dio cuenta de que ya era lo suficientemente mayor como para dejarse ningunear por nadie. Tenía que dar un giro radical a su situación, y así lo hizo. Soltó el bastón, se puso el casco, y en un ágil giro de muñeca arrancó la moto que tenía guardada en el garaje bajo una manta de color azul y grana, esa moto que años atrás había dado algún que otro problema, pero que nunca le había dejado tirado, que siempre volvía a arrancar. Esa que por primera vez le llevaría a recorrer un camino nuevo para él. Estaba hecho, el Levante acababa de ponerse en marcha. Sin un rumbo fijo, sin un mapa que le indicase el camino, pero con la sensación de ser más libre que nunca, con la única preocupación de correr a toda pastilla hasta no dar más de sí. Quería ver mundo, quería llegar a donde nunca antes había llegado, quería mostrarse por toda Europa. Había pasado demasiado tiempo en casa y necesitaba conocer gente nueva, y por supuesto, que ellos lo conocieran a él.

Dicho y hecho, en menos de un año pasó de recorrer carreteras secundarias a coger la autopista de primera división. Lo que antes eran estancias en moteles de carreteras ahora se habían convertido en noches en suits de lujo. Pero no se conformaba con eso. Madrid, Barcelona o Valencia estaban muy bien, sobre todo si hacía nada a lo máximo que podía aspirar era a Cartagena, Huesca o Castellón. Pero seguía sin estar conforme, y tras probar un año a dormir en los mejores campos de España, decidió que al siguiente iba a traspasar la frontera. Y así fue, en apenas dos años, nuestro protagonista había pasado de estar tumbado en una cama, medio muerto y sin ilusión alguna, a tener todos los papeles necesarios para viajar más allá de nuestro país. Una temporada perfecta bajo la dirección de un técnico que ya ha pasado a la historia del club granota como el primero en clasificarlo para la UEFA, y guiados por los goles de un delantero costa marfileño que parecía haber resucitado para la ocasión, permitieron que nuestro protagonista cumpliera su sueño, su meta a corto plazo, ya que nadie sabe aún lo que tiene pensado hacer más adelante...


Y ahí está, más joven que nunca y con la misma ilusión que obtuvo tras soplar las cien velas de esa mágica tarta. Su moto sigue igual, no ha dado ningún problema desde que empezara su increíble andadura, y por si acaso, le ha comprado piezas nuevas. Su incorporación más destacada ha sido la renovación del tubo de escape costa marfileño que tanto resultado le dio la campaña pasada, para apostar por una pieza nigeriana de segunda mano que muchos daban por rota, pero que él mismo ha arreglado de forma espléndida para que suene mejor que nunca. Eso si, la base sigue siendo la misma. Sigue confiando en esas "piezas viejas" que han hecho posible el llegar hasta aquí, algunas incluso parecen responder mejor que nunca y siguen sorprendiendo año tras año. Es curioso, ya que a muchas de ellas sus antiguos dueños las dieron por acabadas, pero sólo era cuestión de limpiarlas y engrasarlas con mimo y confianza.

No sabemos como responderá la moto en un futuro no muy lejano, muchos dicen que su final está cerca, que tarde o temprano tendrá que caer, que esas piezas viejas están ya algo pasadas y que no durarán mucho más, pero ahí están. Lo único cierto es que, de momento, la moto sigue andando perfectamente, sigue rodando como el día en el que su dueño la puso en marcha para empezar toda esta historia, y la verdad es que da pocas muestras de estar en sus últimos años de utilidad, más bien todo lo contrario. El Levante sigue rodando, y cada vez a más velocidad...